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Capítulo 128: Teoría de la radiactividad (y su relación con la Puerta del Sol)

Hace no mucho, Walter me dijo: "Wesley, tú eres un anarquista. A otros se lo podrás esconder, pero a mí no me engañas". Yo le dije que no, que no era así. Y no es así. Para empezar, porque añadirle un -ismo o un -ista a la palabra anarquía es antitético: el anarquismo es la muerte de la anarquía. Sin embargo, sé a lo que se refería y en eso sí tiene razón. Se refería a lo que hoy voy a desarrollar como mi teoría de la radiactividad. Vamos allá.

Desde el momento en que nacemos, estamos expuestos a cantidades ingentes de radiactividad de todo tipo. Radiactividad social, radiactividad cultural, radiactividad política, radiactividad religiosa, radiactividad familiar... Se nos mete en el cuerpo sin que nos demos cuenta y nos va modificando el ADN. Nos puede incluso llegar a convertir en mutantes, pero nosotros ni siquiera nos damos cuenta. De nuestra boca salen palabras fruto de la radiactividad; nuestras obras se producen por efecto de la radiactividad... pero no nos damos cuenta.

Nuestro intenso trabajo está en ir, poco a poco, despojándonos de cuanta radiactividad tenemos ya absorbida y protegiéndonos de la nueva que intenta tomar posesión de nosotros. ¿El objetivo? Encontrar nuestro yo, libre de radiactividad.

El mundo de la política es una especie de Chernóbil. Una central nuclear desgajada que despide cantidades industriales de radiactividad. Por ahí dentro se pueden encontrar pululando mutantes que ya han perdido toda forma visible de humanidad, aunque quizá se pueda ver de vez en cuando (qué pocas veces, qué pocas) a algún ingeniero nuclear con su traje supuestamente impermeable. Estos segundos suelen tener alguna fisura en el traje por la que les entra la radiactividad o bien suelen escapar cuando se dan cuenta de que no hay nada que hacer.

En la democracia, tal como está planteada por estos parajes en nuestros días, el objetivo de los políticos (de los partidos, más bien, pues los políticos carecen de personalidad en una partitocracia) es a corto plazo: conseguir que el mayor número posible de gente introduzca un papel con las siglas de mi partido en una caja habilitada a tal efecto. Para eso, lo más fácil es simplificar. Es decir, un partido político no sólo no va a buscar que sus votantes se quiten la radiactividad de encima (algo hasta cierto punto comprensible), sino que tratarán de llenar al votante de radiactividad. Tratarán de acercarle a su Chernóbil.

Por eso, es bueno que los acampados en Sol traten de mantener alejados a los partidos políticos. Es una forma efectiva de mantener la radiactividad alejada. Pero, ojo, ni siquiera estos acampados se libran de ciertos peligros que les acechan: toda muchedumbre unida bajo un mismo lema presenta ya claras dosis de radiactividad. Eslóganes, soflamas, repetición de ideas no desarrolladas internamente, sino recibidas acríticamente desde el exterior, tal y cual. Esperemos que lo de Sol no se convierta en un nuevo y pequeño Chernóbil (es decir, en lo mismo que critica).

Comparto la indignación con la clase política y la partitocracia en la que vivimos. Comparto que una democracia se tiene que manifestar más allá de las urnas. Comparto que hay que cambiar las cosas cuanto antes. Y lo de Sol puede ayudar. Bien. Pero lo de Sol no es el paraíso. El cambio que se produzca (si se produce) no será el paraíso, del mismo modo que tampoco tener la cuenta corriente llena, un piso, dos coches y tres televisiones es el paraíso. El paraíso está dentro de cada uno y, para llegar hasta él, hace falta una buena y constante ducha de descontaminación. La radiactividad nos acecha: dentro y fuera.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

De la radiactividad no te libra ni el tato. Lo que tienes que hacer es aprender a sobrevivir con ella. A veces Chérnobil son los políticos, otras veces lo líderes religiosos, otra vez la gente con pasta y en ocasiones el listillo del quinto, que tiene madera de líder. Simplemente lee, aprende, sé crítico y piensa por ti mismo. Esa es una de las llaves de la inmunidad a la radiactividad.
Todos, en nuestra medida, somos radioactivos. Creo.

Miriam dijo...

No intentes despojarte de esa radiactividad: dejarías de ser tú.
No eres más auténtico por nacer en medio de la nada sin ninguna influencia, creo. Yo estoy orgullosa, al menos de parte, de mi "radiactividad". Sin mi familia, sin la gente que me rodea... sería menos yo.
Eso sí, haz tuya esa radiactividad.
Un beso desde Madrid :)

Wesley Jackson dijo...

Está claro, como decís los dos, que todos somos un poco (o bastante, incluso) lo que hemos ido recibiendo a lo largo de nuestra vida. No se trata de renegar de eso (¡¡menos aún de la familia, Miriam!!). No se trata tampoco de recluirse para evitar influencias (hay influencias muy buenas, pero influencia no es lo mismo a ceder a otra persona o idea nuestro criterio).

Es sólo que creo que el paraíso está dentro de cada uno y dentro de las personas que nos rodean. No creo en paraísos procedentes de grandes sistemas de pensamiento y demás. Pero, por desgracia, a veces no vemos el paraíso interior porque lo tenemos lleno de contaminación extraña a nosotros.

Un beso desde aquí, Miriam!! :D

MarcoDjango dijo...

Chaepau. No more words...

Para Miriam (que no conozco, pero un placer!): la verdad es que hay cosas que se entienden mejor con símbolos, metáforas, paradojas... porque la mente no suele acceder, pero el corazón sí! (caso de "El principito").

Creo que la radiación a la que se refiere nuestor querido Wesley es la metáfora de aquello que nos perjudica en nuestro entorno, empañando la visión de quién somos en lo más hondo y sincero de nuestro interior. Hay vibraciones que llegan de fuera muy positivas, que incluso favorecen la visión de ese interior tan hermoso, lúcido y humano que llevamos dentro. A esas vibraciones podríamos ponerles otras metáforas: perfumes, colores, luces, algo relacionado con lo bueno con que el exterior también puede impregnarnos. Pero la metáfora "radiación" ya de por sí tiene una connotaión que apunta a lo oscuro, a lo que tiende a cegarnos a nosotros mismos...

En cualquier caso qué alegría encontrar personas que discuten acerca de estas cositas tan saludables !! No sé qué está pasando en el mundo... Sé que me gusta, porque es amplio y comunicativo... Estoy aprendiendo de lo lindo !!!

Un beso grande.

Marcos.