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Capítulo 127: Metafísica culinaria

La comida tiene algo de metafísico. Ser cocinero es dejarse un poco al descubierto, como con toda obra humana. Los mejores cocineros no son sólo los que hacen la comida en su punto. Bien, eso requiere su técnica, que no es poco. Pero es que la famosa y ya tópica frase de que "el ingrediente secreto es el cariño" encierra una verdad como un piano de cola: que el mejor cocinero deja una partecita de sí mismo en el plato cocinado, que ha puesto su personalidad en él. Dos risotti cocinados de la misma manera por distintas personas, curiosamente, no saben igual. Y si eso no es algo metafísico, que baje Heráclito y lo vea. Pánta réi.

Un día de estos escribiré un libro de recetas cuyo nombre sería algo así como Autobiografía gastronómica, Mi vida en recetas, Metafísica culinaria o algo por el estilo. Porque desde la leche materna hasta el suero del lecho de muerte, todas las comidas que hemos degustado y las que hemos hecho... qué narices, nos han marcado, claro que sí. Por eso es bueno hacer alguna vez una receta de nuestra madre (o padre) o nuestras abuelas, para darnos cuenta de que nosotros somos un poco eso: cocina de nuestros padres, pero con el toque personal. La cocina es como la vida: tienes un armario con ingredientes, aprende a utilizarlos y verás qué sabroso.

De lo que se come se cría. Los romanos no tenían azúcar ni cacao, y hasta eso es importante para entenderles. ¿Qué comían cuando se deprimían? ¿Miel? No tenían patatas y, por tanto, no tenían tortilla de patata y, por tanto, no tenían pincho de tortilla y, por tanto, no tenían terracitas. Maldita sea, si eso no es importante en la cultura mediterránea... cucurrucú paloma.

Ñam ñam.

5 comentarios:

José B. Torres Guerra dijo...

Vale, los romanos no tenían patatas, ni tomate [ni tabaco, Wesley], pero tenían otras cosas! Algo bueno debía de tener el garum cuando lo pagaban tan caro.
No, no, ahora que lo pienso, en Roma no había chocolate! Mejor me quedo en este presente tan imperfecto.
(Haremos coffee-party?)

el náuGrafo dijo...

Aquí tienes un comprador (y divulgador) de ese libro tuyo metaculinario.

con un par (de huevos [escalfados]).

Estoy muy satisfecho con mis avances en el mundo del gazpacho, por cierto.

José B. Torres Guerra dijo...

Pero Wesley, una entrada tan bonita, cómo somos tan pocos los que te la comentamos? Si ni siquiera figuras tú!

Wesley dijo...

Esta es la tragedia bloguera, José... En la multitud de píxeles que circulan por el ciberespacio, al final todo acaba perdiéndose. Basura ciberespacial. Detriti, que diría un amigo mío...

Marian dijo...

Ñam, ñam ñam, rrrrrrr, hace mi estomago mientras va leyendo esta puñetera entrada.
Wesley, ya no me importa que no saquen la fecha de las oposiciones por cargarme las vacaciones de verano, sino por aquella promesa que me hiciste tiempo ha, de cocinarme una mousse de chocolate con receta de mamá el día que hiciera el examen.